Por Álvaro Montes
Sé que suena terrible lo que voy a decir: el revuelo de la Web 2.0 no termina de entrar en mi mapa mental. Blogero que soy no debería decirlo, pues el mundo del blog se considera paradigma indiscutible en la Web 2.0, pero también hay cosas aquí que me suenan a segunda burbuja punto com, fabricadas en los laboratorios de la economía especulativa estadounidense. Por ejemplo esto de Twitter. Escribir mensajes de texto muy cortitos diciendo estupideces, como el usual y famoso “Estoy aquí, escribiendo en Twitter”.
Las redes sociales en Internet prometían ser una revolución cultural, pero a la fecha no he visto más que prácticas digitales de pequeños sectores de clase media que las utilizan para hacer algo de vida social. Se habla mucho de Facebook, y la plataforma tiene, por supuesto, mucho potencial, pero no pasa de un lugar para compartir fotos y notas de la vida personal. Nada de malo, de acuerdo, pero tampoco nada de “nueva Internet” ni otras promesas.
No es culpa, por supuetso, de la plataforma tecnológica, sino del pobre uso social que se está haciendo de ella. El mismo twitter, tan cándido, podría ser bien aprovechado por medios de comunicación o por redes sociales reales para mantener información actualizada de interés para sus comunidades; de hecho, así lo intentan algunos por estos días, aunque todavía sin impacto.
Hay “analistas” de redes sociales que encuentran en la información sobre “la tranquila vida de mi gato” un potencial ensordecedor de nuevas culturas digitales. Veremos cuántos blogs de ese tipo quedan en cinco o diez años. Estas tecnologías participativas sobre las que se basa el concepto de Web 2.0 deben servir para algo más que escribir “hola, feliz año!” o “mi gato está triste hoy”. Habrá que hacer cosas útiles con ellas para que encuentren un sentido, más allá de la valorización en bolsa y la venta millonaria de sitios Web que nunca han generado ni van a generar un sólo dólar.
Ya tuvimos una burbuja punto com en la década pasada, y sus creadores vendieron por sumas ciclópeas promesas Web que nunca se cumplieron. No sea que se trate otra vez de lo mismo.